viernes, 16 de octubre de 2009

Un Poco de Historia


Un poco de historia: "Fraude del VIH"
  • Texto publicado en correo grupal Monarcas Perú
  • Cortesía de David Pestana
  • Foto del seminario Tratamientos Alternativos para la Inmunodeficiencia Lima, Perú 2008

Hace 25 años la Ministra de Sanidad estadounidense afirmó: “El Dr. Gallo ha aislado un virus que es la probable causa del Sida”. En los días siguientes la palabra “probable” desapareció. Había nacido el VIH/SIDA.
Pocos después Science publicaba cuatro textos que Gallo les envió en marzo de 1984 y que son mundialmente considerados “los artículos de referencia que demuestran que Gallo aisló el virus causante del SIDA”. Pues bien, publicamos tres documentos que demuestran que Gallo mintió. Uno revela cómo manipuló el borrador escrito por su jefe de laboratorio, otro que no había virus en sus cultivos celulares y el tercero que no es cierto que hubiera encontrado un virus nuevo. ¿En qué se basa la versión oficial de que el SIDA -acrónimo de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida- es una enfermedad provocada por un retrovirus bautizado como Virus de la Inmunodeficiencia Humana o VIH? Porque cuando a las autoridades sanitarias, académicas, hospitalarias y médicas -especialistas en SIDA incluidos- de cualquier lugar del mundo se les pide formalmente que faciliten los artículos científicos de referencia que lo demuestran la respuesta suele ser ¡el silencio! ¿No se lo puede creer? Pues haga la prueba y solicítelos. Ya le adelantamos que en los raros casos en que alguien responde lo hace remitiendo al consultante a que lea el artículo que el médico estadounidense Robert Gallo publicó en la revista Science el 4 de mayo de 1984 así como los tres complementarios que adjuntó. Lo que hace que saber cómo se gestaron esos textos sea de sumo interés porque con ellos nació la actual ficción VIH/SIDA. El primero fue un artículo que ocupó tres páginas y apareció ilustrado con apenas dos fotos. ¿Y cómo se forjó ese texto y de dónde se obtuvieron las fotos? Veámoslo porque la verdad no se ha sabido hasta hace apenas un año pero explica por qué Gallo no fue premiado con el Nobel de Medicina del 2008 junto a Luc Montagnier a pesar de que durante años se le consideró codescubridor del VIH. Empezaremos diciendo que quienes han investigado con rigor e independencia el tema del SIDA llegaron ya a mediados de los años ochenta del pasado siglo XX a la conclusión de que no hay prueba científica alguna que avale la afirmación de que el VIH causa el SIDA. La diferencia es que algunos piensan que el VIH sí existe pero es inofensivo y otros que ni siquiera existe. En cualquier caso para quienes están tanto en una como en otra posición lo que sí está claro es que la versión oficial es falsa. Comparten asimismo la convicción de que los antirretrovirales utilizados en los hospitales no sólo son inútiles e innecesarios sino además tóxicos. Y es que el 30 de junio del 2008 se constató que la tesis oficial de que el VIH es la causa del SIDA se basa en un fraude científico perpetrado por el Dr. Robert Gallo. Porque ese fue el día en el que apareció en Bristol (Reino Unido) el libro de la veterana periodista Janine Roberts titulado Miedo a lo invisible. Cuán temerosos debemos estar de virus y vacunas, de VIH y SIDA en el que por primera vez se hizo pública la documentación que demuestra la vergonzosa actuación de Robert Gallo. Veamos pues de forma cronológica y resumida qué se reveló en él: Finales de Febrero de 1984. El Dr. Mikulas Popovic, jefe del laboratorio del Dr. Gallo, empieza los ensayos que llevarían –al menos eso se alegaría- a constatar que el SIDA lo causa un virus desconocido hasta ese momento que se consigue identificar y aislar mientras el Dr. Gallo, de gira por Europa, da varias conferencias -incluida una en el Instituto Pasteur de París- en las que anuncia que están a punto de saber qué virus de la familia HTLV es la causa del SIDA. Tan seguro estaba -a pesar de que Popovic aún continuaba con la investigación y no lo había logrado en realidad- que antes de viajar había llegado a un acuerdo con la dirección de Science para concederle la exclusiva de “una importantísima primicia mundial que revolucionará el SIDA”. Marzo de 1984. Hacia el día 19 el Dr. Popovic redacta el borrador del artículo central que Gallo había prometido a Science y se lo deja para que cuando éste regrese de su gira europea lo lea marchándose luego a esquiar. Y, en efecto, Gallo lo encuentra pero pronto comprueba que se trata de algo que no cumple en absoluto las expectativas del sensacional hallazgo que estaba anunciando. Así que su reacción fue adaptar la realidad a sus deseos ¡cambiando descaradamente el contenido! Tachando simplemente lo que no concordaba con lo anunciado y llenando de correcciones -de su propio puño y letra- las diez páginas que le habían dejado. Es más, añadiría cinco folios. Y posteriormente introduciría otros cambios hasta que finalmente lo enviaría el día 30 a Science. Apuntando el texto, obviamente, en la dirección que había divulgado.. Abril de 1984. Día 19. Science acepta los artículos remitidos por Gallo. Día 22. El New York Times publica ¡en primera página! un artículo del influyente Dr. Lawrence K. Altman en el que se dice que el Dr. James O. Mason -director de los poderosos Centros de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos- considera que “el virus descubierto en Francia es la causa del SIDA”. Los responsables de los CDC tomaban así una posición contraria a la tesis de que la causa del SIDA es el nuevo virus que Gallo dice haber descubierto. Día 23: Apenas 24 horas después la entonces Ministra de Sanidad estadounidense Margaret Heckler anunciaría a bombo y platillo en rueda de prensa “un nuevo éxito de la ciencia americana: el Dr. Gallo –afirma- ha aislado un virus que es la probable causa del Sida’”. Tal “contraataque” lo organizarían los igualmente poderosos Institutos Nacionales de Salud (NIH), uno de los cuales es el Instituto Nacional del Cáncer en el que, pura casualidad, trabajaba Gallo. Con tal apoyo institucional el virus americano tomaba la delantera mediática y política al virus francés. Sólo que a partir de entonces dejó de hablarse del virus como “probable causa” y aunque nadie había demostrado en realidad que un virus fuera lo que originaba el SIDA todo el mundo lo dio por hecho. Había nacido la “verdad política y social” de la relación VIH/SIDA. Mayo de 1984. Science publica el día 4 los artículos finalmente enviados por Gallo… apenas 35 días después de recibirlos. Algo insólito. Y es que aunque sólo habían transcurrido once días desde la conferencia de prensa dada por la ministra de Sanidad norteamericana los textos fueron ya leídos con las “gafas VIH/SIDA”. Con lo que la “verdad político-social” se convirtió en “verdad científico-médica”. EL DOCUMENTO POPOVIC Como ya adelantamos Gallo manipuló el texto escrito por Mikulas Popovic. Manipulaciones que hoy se conocen. Así, tachó con descaro la frase “A pesar de los intensos esfuerzos de investigación efectuados el agente causante del SIDA aún no ha sido identificado” (página. 4). Inconcebible. Porque el borrador donde se hacía esa rotunda afirmación, una vez manipulado, fue el que Gallo presentaría como “prueba científica” de que él y su equipo habían culminado sus ensayos con “la identificación del agente causal del SIDA” De hecho tuvo la desfachatez de sustituir sin más esa frase en el artículo que publicó en Science por la de “Nuestros hallazgos sugieren que un retrovirus de la familia HTLV puede ser el agente etiológico del SIDA”. Y luego, para apoyar su afirmación, mencionaría “nueve hallazgos” -con sus respectivas referencias- que no tenían nada que ver con los experimentos que había hecho Popovic. Es más, Gallo tachó en diagonal el Abstract (Resumen) hecho por Popovic y escribió debajo: “Este resumen es demasiado trivial para un posible artículo innovador en Science”. Hasta cambió el título. El de Popovic era Obtención y producción continua de retrovirus linfotrópico de células T humanas (VLTH-III) de pacientes con SIDA. El que saldría en Science fue el de Detección, aislamiento y producción continua de retrovirus citopáticos (VLTH-III) de pacientes con SIDA y pre-SIDA. Y eso a pesar de que en el borrador del Dr. Popovic no se hacía referencia en ningún momento a que sus investigaciones tuviesen como objetivo “aislar un nuevo virus” ni que se buscase demostrar ‘citopaticidad’ alguna. Y aún menos, por tanto, podía haber tenido en mente buscar “el virus que probablemente causa el SIDA”. Entre otras razones porque eso exige haber aislado antes el presunto virus responsable y demostrar que mata las células T4 (que es lo que oficialmente se atribuye al VIH). Lo que nunca se hizo. Para mayor sorpresa, tampoco el artículo finalmente publicado en Science aborda ni el aislamiento ni la citopaticidad de un supuesto ‘nuevo virus HTLV-III’ ¡aunque lo proclamaba en el título! Es más, los añadidos a mano del Dr. Gallo tampoco lo pretendieron. En realidad se limitaron a expresiones generales y vagas del tipo “Sugerimos que (la causa del SIDA) puede ser…” o “Esta hipótesis se basa en…”. De hecho la conclusión de los experimentos de Popovic fue efectivamente tan trivial que éste ni siquiera llegó a redactarla. Y el Dr. Gallo sólo se atrevería a escribir frases como “se ha abierto el camino para detectar,” “proporciona una primera oportunidad de realizar un análisis detallado” o “este sistema abre el camino hacia la detección rutinaria y rápida del HTLV-III y variantes citopáticas de HTLV asociadas’. En suma, meras posibilidades. El DOCUMENTO GONDA En cuanto a las fotos el Dr. Gallo hizo enviar al Laboratorio de Microscopía Electrónica muestras de sus cultivos celulares –los que presuntamente contenían el virus HTLV-III- para que se obtuviesen las correspondientes imágenes a fin de ilustrar los artículos de Science. Pues bien, el Dr. Matthew A. Gonda –director del laboratorio- respondería el 26 de marzo de 1984 a esa iniciativa con una carta de diez líneas que decían: “El Dr. Gallo deseaba estos micrógrafos para publicar porque contenían partículas HTLV. (…) Y me gustaría puntualizar que las ‘partículas’ (…) son desechos de una célula degenerada. No se han observado en parte alguna del precipitado partículas libres entre las células ni ‘partículas semejantes-a-virus’ extracelulares. Las pequeñas vesículas extracelulares (…) son por lo menos un 50% más pequeñas que las partículas maduras de HTLV vistas de tipo I, II o III. Insisto: estas vesículas pueden ser encontradas en cualquier precipitado celular” Y por si alguien dudara Gonda concluye agregando de forma rotunda: ‘No creo que ninguna de las partículas fotografiadas sea de HTLV I, II o III’. ¿Y qué decidió ante tan desazonadora respuesta el Dr. Gallo? Hacer caso omiso y adjuntar el 30 de marzo al artículo manipulado algunas de las fotos (a pesar de que según Gonda no constataban la existencia de virus alguno) como lo demuestra que en la nota 17 del segundo artículo publicado en Science se le agradece expresamente a éste las fotos publicadas. El DOCUMENTO MINOWADA Cabe añadir que el 29 de marzo de 1984 -el día anterior a que remitiera sus artículos a Science- Gallo envió una carta muy reveladora al Dr. Jun Minowada -de la Universidad de Loyola en Illinois (EEUU)- en cuya parte final decía: “No me sorprende que no haya encontrado usted expresión de la proteína p19 en células frescas de pacientes de SIDA. Es extremadamente infrecuente encontrar células frescas que expresen el virus (…) Para inducir el virus parece ser necesario el cultivo de células. Lo que probablemente se debe a que así se eliminan los factores inhibidores presentes en el paciente”. En otras palabras, el Dr. Gallo reconoce abiertamente en esa carta que el VIH –e insistimos en que en realidad habla de un virus hipotético que nunca aisló- solo se puede expresar ¡in vitro, en cultivos celulares! pero no en un ser vivo porque las defensas del organismo lo impedirían al eliminarlo. Además que no había encontrado virus alguno al que responsabilizar del SIDA lo demuestra la última frase de la carta: “Por último, ahora sabemos que hay muchas variantes de HTLV-I. Y creemos que la causa del SIDA es una variante mucho más citopática”. En suma, todo apunta a que aún estaban buscando algún virus. A pesar de lo cual al día siguiente enviaba sus cuatro artículos a Science diciendo que ya lo había descubierto. TRES DOCUMENTOS DEMOLEDORES Es evidente que los tres documentos mencionados –y seguro que hay más por lo que luego explicaremos- demuestran de manera irrefutable que el Dr. Gallo manipuló y tergiversó de forma consciente e intencionada tanto el contenido real de sus investigaciones como los resultados. Se trata pues de documentos de importancia capital y alcance mundial. ¿Y cómo han sido obtenidos? La verdad es que los experimentos del Dr. Gallo y su equipo -desde la invención del SIDA en 1981 hasta la invención del VIH/SIDA en 1984- fueron sometidos a una muy intensa inspección. Nada menos que por cuatro comisiones de investigación establecidas al máximo nivel estadounidense. Vigilancia que se decidió hacer tras la publicación del llamado Informe Crewdson que con una extensión de 50.000 palabras fue publicado el 19 de noviembre de 1989 en 16 páginas del periódico Chicago Tribune con el título The Great AIDS Quest (La gran búsqueda del SIDA). Escrito por el periodista John Crewdson -Premio Pulitzer en 1981- tras veinte meses de investigación éste llegó a la conclusión de que “la historia que emerge es menos heroica de lo que se suele presentar pero no menos espectacular: datos falseados y experimentos secretos, virus fantasmas y genes desaparecidos, resultados irreproducibles y notas de laboratorio embrolladas, cultivos sin etiquetar y fotografías manipuladas. (...) Es la historia de un científico influyente e intimidador que persiguió un virus erróneo durante más de un año para luego invertir la situación y emerger con un hermano virtual genéticamente gemelo del virus que había sido realmente descubierto por sus rivales de París y que le habían entregado meses atrás. Lo que ocurrió en el laboratorio de Robert Gallo durante el invierno del 83 al 84 es un misterio que quizás no será nunca definitivamente aclarado pero la evidencia es abrumadora: o fue un error o un robo”. Contundente y demoledor. Lo que a Crewdson se le escapó sin embargo –o no quiso ver- es que tampoco en París se había sido aislado ningún virus. Que el Dr. Gallo utilizase -sin reconocerlo- los cultivos celulares del Dr. Montagnier no significa que le robase virus alguno sino simplemente que pudo reproducir los mismos fenómenos biológicos -en particular, la transcripción inversa, es decir, la conversión de ARN a ADN- y que los utilizó asimismo como indicadores indirectos de la presencia de un supuesto retrovirus. Y añadiremos, por si aun tiene alguna duda de que Gallo utilizó las muestras enviadas por Montagnier, que el propio Dr. Popovic lo reconoció por dos veces en su borrador. Frases que Gallo tacharía anotando al lado respectivamente: “No termino de creérmelo. Eres absolutamente increíble” y “Mika, estás LOCO” (así, en mayúsculas). Es por cierto ilustrativo de cómo es y actúa el Dr. Gallo saber la actitud que tuvo ante Crewdson: sólo le contestó una vez -por teléfono- a algunas preguntas y no aceptó entrevista personal alguna. Entre otros intentos -y a petición del abogado del Dr. Gallo- el Chicago Tribune le envió el 19 de diciembre de 1988 una lista con 188 preguntas. No hubo respuesta. El 28 de julio de 1989 se le envió otra lista de preguntas. Tampoco hubo respuesta. En octubre de 1989 volvió a remitírsele otra carta indicando en ella que la ausencia de respuesta sería considerada una negativa a conceder entrevista alguna. De nuevo silencio. Y agregaremos que la actitud saboteadora de Gallo incluyó a su entorno pues también se negaron a conceder entrevistas sus colaboradores, entre ellos el Dr. Popovic. Bueno, pues fue a raíz de la publicación de ese reportaje/informe cuando entre 1990 y 1994 se pusieron en marcha varias investigaciones oficiales sobre Gallo que terminarían dando lugar a cuatro informes de instituciones oficiales estadounidenses del máximo nivel. Una de ellas llevada a cabo ¡por el propio servicio secreto encargado de la seguridad del Presidente de Estados Unidos! que encontró suficientes evidencias de fraude como para remitir la investigación al Fiscal General. Lo “singular” es que como había transcurrido demasiado tiempo desde la presunta comisión del delito Gallo no pudo ser procesado penalmente. De forma breve diremos que tras rescatar y compilar más de 300 documentos relacionados con los ensayos efectuados en el laboratorio del Dr. Gallo las principales conclusiones a las que llegaron los investigadores fueron que había evidencias aplastantes de que las repetidas afirmaciones de Gallo de que había aislado el VIH eran falsas, que el experimento de febrero de 1984 fue tan defectuoso y cuestionable en tantos aspectos que poca o nula confianza se podía depositar en los hallazgos proclamados y que las instituciones gubernamentales, al decidir proteger a Gallo, defendieron durante años lo indefendible. Tal fue la razón de que finalmente se ofreciera al Gobierno francés el reconocimiento público por parte de los NIH de que “el Instituto Pasteur había encontrado el VIH primero” a lo que se añadió el compromiso de pagar una compensación económica por los royalties de los llamados “tests del SIDA”. Obligándose de paso a Gallo a abandonar los NIH (tras lo cual la industria farmacéutica, siempre encantada de tener a sus órdenes personas con ética, le ofrecería de inmediato su propio centro privado de “investigación”). ACTITUDES INCOMPRENSIBLES Llegados a este punto suponemos que el lector se preguntará por qué los investigadores que investigaron el asunto no se dieron cuenta del fraude. Y una posible respuesta es que quizás lo único que de verdad les preocupaba era determinar la “paternidad” del supuesto virus responsable del SIDA. Aunque lo más sangrante es que ni la documentación de Gallo ni la de Montagnier demostraba la existencia de que hubiera un virus nuevo y menos aún que causaba el SIDA. Algo que antes o después saldrá a la luz. Como ha salido lo que hizo el Dr. Gallo –para su sorpresa- por la sencilla razón de que estaba convencido de que sus manipulaciones se habían quedado entre Mika Popovic y él, y de que la prueba de su falsificación había sido destruida. Lo que no ocurrió porque Popovic, muy preocupado al ver el alcance de los cambios introducidos por Gallo en su texto, decidió protegerse y enviar una copia de todo a su hermana que vivía en Austria. Que hizo bien lo demuestra que a poco de comenzar las investigaciones oficiales le pidió a ésta que se la devolviese. Y es que tras un interrogatorio Popovic recibió una grabación que contenía no sólo las respuestas que dio a las preguntas que le habían sido formuladas por los investigadores sino ¡los comentarios que tras su marcha éstos hicieron! Algo que le alarmó profundamente ya que en ellos se indicaba claramente que iba ser acusado de mala práctica científica en lugar del Dr. Gallo. Con lo que a la mañana siguiente su abogado entregó el borrador manipulado a los investigadores que pronto verificaron que los cambios habían sido hechos efectivamente a mano por Gallo. Bueno, pues debemos decir que a pesar de todo esto aún hay quien otorga credibilidad científica a Gallo. Sin embargo, ¿cuál ha sido en los últimos años su actitud? Hace ahora un lustro la versión on line del British Medical Journal alojó un debate entre quienes creen en la versión oficial del VIH/SIDA y los científicos que niegan esa relación. Un debate que se desarrolló entre el 28 de febrero del 2003 y el 17 de abril del 2005. Y en él, entre otros muchos asuntos, se abordó algo tan simple y fundamental como si el VIH ha sido alguna vez aislado. Pues bien, aunque el Dr. Gallo fue invitado reiteradamente a dar explicaciones y pruebas de ello se negó siempre en redondo. Como se negaría -de mala manera- a formar parte del panel de expertos que con presencia de defensores y detractores de la versión oficial se constituyó el año 2000 para debatir las dudas existentes por iniciativa del entonces presidente de Sudáfrica Thabo Mbeki (invitamos al lector a leer en nuestra web –www.dsalud.com- el amplio reportaje que esta revista publicó sobre ello en el nº 18 correspondiente a Julio del 2000 con el título ¿Comienza por fin el debate sobre el SIDA?). Claro que quien esto escribe ha pedido personalmente dos veces al Dr. Gallo “las pruebas científicas que demuestran que realmente aisló el VIH”. La primera el 16 de abril de 1997 cuando entregué una propuesta escrita a La Caixa -que habíatraído a España al Dr. Gallo para impartir en sus instalaciones una conferencia titulada precisamente El descubrimiento de los retrovirus y del VIH- en la que proponía que se abriera tras la misma un debate sobre el tema con Gallo sin que se dignaran a responderme (aunque Gallo, informado, despachó la cuestión desde su mesa de conferenciante diciendo textualmente: “Algunos, para hacerse famosos, se colgarían de una avioneta fosforescente volando a gran altura”). La segunda fue durante la XII Conferencia Internacional de SIDA celebrada en Ginebra en 1998. En el transcurso de una rueda internacional de prensa en la que el Dr. Gallo era el invitado principal tomé el micrófono y le pregunté: “Dr. Gallo, ¿entregará Ud. a los huelguistas de hambre que están a las puertas del Congreso las pruebas científicas que piden de que usted aisló el VIH?” Su respuesta fue desplazar la silla hacia atrás, estirar las piernas hacia delante, cruzar los pies, ponerse las manos detrás de la nuca y farfullar en voz baja “Shut up!’ (¡Cierra el pico!). Y yo pregunto: ¿es ésa la respuesta que daría un científico que no tiene nada que ocultar? Bueno, pues su negativa no le pareció improcedente ni significativa a ninguno del centenar largo de autocalificados “periodistas especializados en VIH/SIDA” de medio mundo allí presentes. Afortunadamente quienes sí saben de qué va esto han empezado a movilizarse. El 1 de diciembre del 2008 treinta y siete investigadores de 14 países dirigieron una carta al actual Editor Jefe de Science, Bruce Alberts, en la que apoyándose en los tres documentos aquí mencionados le piden que la revista retire formalmente los artículos de Gallo publicados en 1984 una vez demostrado que son un fraude. Una carta que concluye así: “Para la credibilidad de la investigación científica es vital que sean retirados los artículos que se demuestre que son defectuosos o están falsificados. Y como quiera que hoy existen documentos públicos que demuestran que los artículos de Gallo sacan conclusiones injustificadas su retirada de Science es muy importante para mantener la integridad científica. Los futuros investigadores deben también entender que no pueden basar sus declaraciones sobre VIH y SIDA en los artículos de 1984 de Gallo. Todos los autores de artículos que se basaron en esos cuatro textos deberían tener la oportunidad de reconsiderar sus propias conclusiones por si resultan debilitadas por estas revelaciones”. Estamos a mediados de marzo del 2009 y aún no ha habido respuesta. Claro que ya en su número de 8 de enero de 1993 Science publicó un artículo titulado HHS: Gallo Guilty of Misconduct -es decir, Ministerio de Sanidad: Gallo culpable de mala práctica- cuyo subtítulo decía: El veredicto es que al ocultar el hecho de que su laboratorio puso el virus francés en una línea celular permanente Robert Gallo intentó engañar a la comunidad científica. Cierto. Luego, ¿por qué se ha seguido dando crédito a Gallo? Sencillamente porque detrás de todo esto hay algo muy grave a tapar que además ha generado un gigantesco negocio. Absolutamente fraudulento todo porque, ¿sabía que los experimentos que Gallo aseguró haber realizado en 1984 en su laboratorio no se han reproducido jamás? Este simple hecho los descalifica a nivel científico. Y los experimentos que indican algunos manuales de Virología para “producir, detectar y aislar el VIH” son un entretenimiento académico sin base virológica alguna porque tal cosa nunca se ha logrado realmente. Y MONTAGNIER TAMPOCO HA AISLADO EL VIRUS Mucha gente lo ignora pero a la mayoría de los expertos en SIDA que a Montagnier se le diera en el 2008 el Nobel de Medicina no les gustó nada. ¿Por qué? Pues porque le consideran casi ¡un disidente! Y no les falta razón. Lo es doblemente: tanto en lo que se refiere a la presunta causa del SIDA como en cuanto al tratamiento. A fin de cuentas ya en 1990 reconoció que en la aparición del SIDA tenía que haber “otros cofactores puesto que el VIH no puede por sí solo matar célula alguna. Hace falta –añadiría- que exista otro factor que actúe al mismo tiempo sobre la misma célula”. Reconocimiento que le llevó a buscar durante una década ese cofactor -o cofactores- en micoplasmas y otros microbios…¡sin encontrar ninguno! De ahí que llegase a la conclusión hace unos años de que tales cofactores no eran microbianos sino nutricionales y psicoemocionales: malos hábitos de vida, miedo, angustia, problemas psicológicos, etc. Es más, cuando en 1997 el periodista Djamel Tahi insistió en preguntarle sobre el aislamiento del llamado “virus del SIDA” Montagnier contestó: “Se lo repito: no purificamos”. Con lo que reconoció implícitamente no haber aislado nunca el presunto virus conocido como VIH. Disiente asimismo Montagnier de los tratamientos que deben aplicarse a las personas catalogadas como enfermas de SIDA porque hace ya más de diez años comenzó a recomendar que los fármacos antirretrovirales se tomasen sólo unos pocos meses –sabedor de que son muy tóxicos- y empezó a poner el acento en ¡ingerir antioxidantes y llevar una vida sana! Y sigue pensando que es lo adecuado. Lo demuestra que en diciembre del 2007 acudió Madrid para visitar el laboratorio Catalysis para conocer de primera mano cómo obtenían sus potentes antioxidantes (el lector puede leer en nuestra web –www.dsalud.com- la entrevista que esta revista mantuvo con Luc Montagnier en ese laboratorio y que apareció en el nº 102 correspondiente a febrero del 2008 donde no tuvo reparo en decir textualmente: “El VIH sólo es un problema grave si el sistema inmune está deprimido”). Posición que no modificó al recibir el Nobel porque cuatro días después de saber que se le había concedido contestó a la pregunta ¿Qué personas tienen más riesgo de desarrollar el SIDA? lo siguiente: “El virus actúa en aquellos organismos que presentan ya una situación degradada por el consumo de drogas o por una vida complicada, con abuso de alcohol o escasa atención a la alimentación. Algunas personas sanas pueden ser infectadas por el virus durante un breve periodo pero pueden desembarazarse de él enseguida. La moraleja de todo esto es que hay que llevar una vida responsable y evitar otras infecciones’. (El País, 12 de octubre de 2008). EL SIDA ES MÁS QUE UN SIMPLE NEGOCIO Terminamos este texto recordando que poco después de la aparición del libro antes mencionado de Janine Roberts -Miedo a lo invisible- el veterano policía y detective californiano Clark Baker definió directamente el montaje SIDA como algo puramente delictivo. De hecho en el informe que presentó tras investigarlo y que tituló El huevo de Gallo afirmaría: “No se precisa de formación médica alguna para investigar conductas fraudulentas o criminales así como la financiación utilizada (…) No se requiere un cerebro de neurocirujano para ver que ningún científico ha demostrado nunca que el VIH: 1) existe; 2) ataca células; y, 3) causa el SIDA. (…) La clave de todo este enorme entramado se encuentra (…) en la declaración original misma del propio Dr. Gallo sobre el VIH. (…) Tras haber investigado miles de crímenes y haber arrestado a centenares de miembros de bandas criminales y otras gamas de depredadores reconozco un asunto criminal en cuanto lo huelo. El VIH/SIDA convierte la estafa de Enron en un juego de niños”. Bueno, pues los “expertos” en SIDA siguen tratando a millones de personas con supuestos antirretrovirales para un virus que ni siquiera está demostrado que exista. Lo que sí está demostrado es que la relación VIH/SIDA se basó en un fraude científico.

Gracias a David Pestana por sus aportes al correo grupal de Monarcas Peru (monarcasper@yahoogroups.com)

sábado, 12 de septiembre de 2009

Conferencia Mundial por el Replantamiento Científico del SIDA

Rethinking Aids Conference 2009

UNA CRETINA LLAMADA ELISA


UNA CRETINA LLAMADA ELISA

¿Qué opción de vida le queda a una joven escritora cuando su examen de VIH da positivo? Por Carol Ann Figueroa
Ilustraciones de Nicolás Lozano

Carol Ann Figueroa (Bogotá, 1978). Periodista de profesión, escritora por necesidad, guionista por mutación, redactora de libros de investigación y del desaparecido periódico cultural Suburbia; ha colaborado en varias publicaciones, entre las que se destacan el «Magazín Dominical» de El Espectador y la revista Kinetoscopio.

Me estoy muriendo.
Y ahora que un papel doblado en mi agenda me lo dice, reconozco que nunca creí realmente que fuera cierto. Me doy cuenta de que nunca creí que me pudiera morir y, sin embargo, al parecer es una de esas cosas que sí suceden. Uno se muere. Y yo me estoy muriendo.
El médico dijo «El resultado de su prueba de VIH es positivo» y desde entonces me fue difícil escuchar lo que decía. Sus labios se movían pero sólo producían cierto eco.
La manera lastimera en que esquivaba mi mirada me hizo comprender que sí era cierta la noticia. Pesaba tanto el aroma de mi muerte que el tipo se apresuró a pedirme que me realizara un segundo examen, llamado Western Blot, para verificar el resultado, y me indicó el camino de salida.

Eso fue todo. Cinco minutos le tomó darme la noticia.
«Mi vida se acaba prematuramente», pensé mientras me levantaba de la silla.
Mi vida se acaba sin el goce de orgasmos múltiples producidos por drogas intravenosas o la orgía de amantes confusos, variados y sucesivos; se acaba sin amaneceres de deshidratación y resaca en apartamentos desconocidos y, no obstante, ya mis padres lloran sobre el ataúd mientras la familia cuchichea la causa del deceso, mi dramática pérdida de peso en los meses anteriores, mis pómulos pronunciados y mis ojos ahogándose en sus esferas; mi diarrea, mi inapetencia, mi fiebre, mi depresión.

Todos los aviones que viajan a Venecia despegarán sin mí. Todos los amigos, toda la familia, los vecinos y los desconocidos, abrirán sus ojos sin que yo esté aquí, y lo cierto es que no les haré falta. No tendrán que saludarme y no notarán que no me despido.
¿Quién pudo haber sido? ¿Me arrepiento si es esa la razón? De arrepentimiento no se hacen los remedios y, total, el papel que guardo en mi agenda dice que no hay remedio.
Nadie debe enterarse. Necesito mantener un em-pleo, conseguir dinero para costear los medicamentos, resistir el mayor tiempo posible antes de no tener más soporte que la lástima de aquellos que me van a ver morir. ¿Tendré tiempo de ordenarlo todo antes que un demacrado rostro evidencie lo que me está sucediendo?

¿Qué me está sucediendo?
Escribí la palabra «sida» en la barra del buscador con la sensación de estar buscando mi propio nombre en la red, como si me lanzara a la cacería de mi otro yo, ese que había olvidado en un rincón de la cotidianidad pero que siempre estuvo al acecho, listo para escaparse en cuanto el llamado de la muerte hiciera posible nuestro encuentro.
Más de 38 millones de personas en 126 países han vivido con él durante cinco o diez años antes de poder darse la vuelta para abrazar al otro, ese que forma parte de los 2,8 millones de nuevos compañeros, los que se mueren de sida1.

Una mujer de Guatemala resultó VIH positiva hace doce años por cuenta de la infidelidad de su marido y todavía no tiene sida. Tuvo tiempo de cuidar al hombre, enviudar, quedar a cargo de tres hijos y ver graduar a los dos primeros, sin presentar un solo síntoma. Un muchacho gay de Costa Rica, de veinticinco años, cumple siete de preguntarle cada tres meses a su doctor si su conteo de células T2 ya delata inmunodeficiencia progresiva, y un argentino heterosexual,
diagnosticado a los treinta como VIH positivo y que a los cuarenta recibió su diagnóstico de inmunodeficiencia adquirida, a los 45 publicó su fotografía en la red exhibiendo una demacrada sonrisa como prueba de su honestidad cuando escribe «Soy feliz y tengo sida».

Activistas canadienses, brasileños, surafricanos, mexicanos y norteamericanos; enfermos consagrados que cargan quince años de sida; drogadictos arrepentidos, homosexuales pervertidos y heterosexuales seropositivos me invitan a esperar con entusiasmo suicida la aparición del síndrome siguiendo con disciplina las instrucciones de mi doctor, tomando
los medicamentos que cubre mi EPS, acercándome a cuanta asociación homosexual y ONG se me cruce en el camino para consultar los derechos y deberes de mi nueva vida en este mundo paralelo, el de los VIH positivos, los futuros muertos de sida.

¿Qué me pueden ofrecer? Diez, quizás veinte años más de vida, sintiendo en la nuca la respiración de la muerte, tomando medicamentos para fingir que no la siento, que puedo enviarla de vuelta a su rinconcito en la rutina, transformada ahora en la rutina de un paciente enfermo de sida. La rutina de consumir de por vida —o hasta que se acabe la vida— un tratamiento llamado terapia retroviral altamente activa o «coctel combinado», según la cual se deben consumir treinta pastillas diarias en promedio, en horarios que cubren las veinticuatro horas, algunas con las comidas, otras con el estómago vacío, siempre temiendo que sin un estricto apego a las dosis y horarios, el virus mutará en uno nuevo, más poderoso, más resistente a la
medicina.

Pero yo no tengo sida. No tengo el Síndrome de Inmuno-deficiencia Adquirida. Incontables páginas en la web me lo decían. Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida es una categoría creada por el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos para agrupar un conjunto de signos y síntomas de diversas enfermedades bastante conocidas, que atacan en forma simultánea un mismo sistema inmunológico, resultando particularmente resistentes a los medicamentos que se utilizan para combatirlas.

Herpes, neumonía, tuberculosis y varios tipos de cáncer forman parte del grupo de veintinueve enfermedades que se han agregado con los años a la familia del sida, haciendo que la palabra enfermedad le quede pequeña. El sida no es una enfermedad, es un síndrome; de modo que, técnicamente, nadie puede estar enfermo de sida.

«Una persona es diagnosticada con sida si presenta uno o más de los veintinueve estados físicos oficiales que definen al sida y si también resulta positiva a los anticuerpos asociados con el VIH. En otras palabras, la neumonía en una persona VIH positiva es sida, mientras que la misma neumonía en una persona VIH negativa es sólo neumonía. Las manifestaciones clínicas y los síntomas pueden ser idénticos, pero un se llama sida mientras que la otra se llama
neumonía»3.

Se leía tan claro, que me pareció la información más confusa de mi vida. Un resultado médico por el que me entregué al pánico parecía no ser el que yo creía. «Si todavía hace falta una prueba para confirmar el diagnóstico, posiblemente ni siquiera soy seropositiva», pensé.

Entré al segundo consultorio al que acudí para que mi Plan Obligatorio de Salud me suministrara el examen probatorio, el Western Blot, dispuesta a resolver todas las preguntas producidas por mis pesquisas, pero sólo obtuve respuestas monosílabas. Cuando le pregunté al doctor sobre las posibilidades de que la segunda prueba resultara negativa y mi Elisa fuera una falsa alarma positiva, esquivó con un dejo de molestia mi mirada, como si yo no tuviera derecho de hacer de la duda mi esperanza, y se limitó a decir: «Hacemos la segunda prueba por rutina, porque la verdad es que el resultado rara vez cambia».

Rutina. El momento más ansioso de mi vida es… rutina. ¿Qué clase de difamador del juramento de Hipócrates me habla así y pretende que lo visite con mi segundo resultado para «comenzar el seguimiento médico correspondiente»? ¡Maldito gusano de escritorio, indigno de manejar lo que pase con mi vida; inconsciente, animal, bruto, cobarde, incapaz de hablar sobre la muerte con gallardía!

No soy seropositiva confirmada y ya me enlista para el seguimiento médico correspondiente: visitarlo trimestralmente para que una muestra de sangre determine si mi conteo de células T —término que no me explicó— está por encima o debajo de las doscientas4; empezar a consumir de manera preventiva pequeñas dosis de AZT5 y, según las reacciones de mi cuerpo —sobre las cuales no me habló—, reducir la dosis y combinarla con didanosina (DDI) o zalcitabina (DDC), esperando que éstos mantengan el conteo de mis células en niveles seguros el mayor tiempo posible, lo que en cualquier caso no significa una cura.

Medicamentos que no curan pero que debo tomar. Eso me ofrece la medicina. Y no sólo no curan sino que al respaldo de sus etiquetas exhiben una escalofriante lista de efectos colaterales que
incluyen salpullido, agotamiento severo, pérdida de apetito, náusea y vómito, dolor en los músculos y articulaciones, neuropatía, disfunción sexual, fiebre, diarrea, vértigo, dolor abdominal, depresión, desorden del sueño y demencia6, además de serias afecciones que resultan mucho más letales que la amenaza de comenzar a desarrollar el sida. Las
reacciones adversas documentadas en la actualidad incluyen diabetes, falla hepática, arenillas renales y muerte súbita.

«El 30% de los pacientes que toman la terapia combinada padecen de lipodistrofia, un desorden en la distribución de la grasa y desorden metabólico, que puede resultar en ataques al corazón y apoplejía»7. El argentino que exhibe su fotografía en la red, la gente que aparece demacrada en las noticias, no lo está por un herpes o una tuberculosis causada por el sida. Luce así por tomar las medicinas que evitarán que ellos desarrollen el síndrome.

Me alejé del laboratorio, dejando caer así en las alcantarillas mis esperanzas sobre el resultado que me entregarían en diez días, hasta que la pregunta de cierta campaña institucional saltó de mi memoria a la pupila: ¿conoces a Elisa? Habérmela hecho no significaba que la conocía, así que ocupé los diez días de angustia que me obsequiaba la rutinaria medicina en buscar toda la información que no había leído o escuchado sobre Elisa. Lo primero fue leer que los falsos positivos existen en grandes cantidades, contrario a la severidad con que los había
descartado la desidia de mi incompetente doctor. Existen más de cincuenta condiciones inofensivas que pueden hacer que una prueba de VIH resulte falso positiva8. Haber tenido gripa, tener o haber tenido herpes o hepatitis, haber sido vacunado contra la hepatitis B, haber estado
expuesto a los microbios que causan tuberculosis y malaria, estar embarazada o haberlo estado9.

Cincuenta posibilidades de equivocación sobre las que el doctor no me habló. «Personas que nunca han estado expuestas al VIH pueden tener reacciones falso positivas durante años o por el resto de sus vidas, debido a que la producción de anticuerpos generados por varias infecciones virales comunes, puede continuar durante años después de que el sistema inmunitario ha vencido al virus, e incluso durante toda la vida»10.

¿Cómo es posible que la prueba que me tiene al borde de reorganizar mi vida sea tan imprecisa?
Elisa, la llamada prueba para detectar el VIH, no detecta el virus que pregona en ninguna medida. Detecta anticuerpos que reaccionan a ciertas proteínas que se aplican a la muestra de sangre, las cuales se han producido en un laboratorio11.

En la página web de la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos12, responsable de controlar la seguridad y eficacia de las pruebas y los fármacos, se puede consultar el texto del inserto que acompaña a la prueba de VIH/sida, Amplicor HIV-1, de laboratorios Roche, el cual hace una increíble aclaración: «La prueba Amplicor HIV-1 no ha sido creada para ser utilizada como prueba de monitoreo del VIH o como prueba de diagnóstico para confirmar la presencia de la infección del VIH». Otra etiqueta, que encontré citada en el documental El otro lado del sida13, aclara que «en la actualidad no existen estándares establecidos para determinar la presencia o ausencia de anticuerpos frente al VIH en sangre humana». Ni antes de pedir que me ordenaran la prueba, como tampoco cuando me tomaron la muestra de sangre, ni aun hoy después de recibir su respuesta, tuve la oportunidad de ver la caja de la cual provenía, ni los insertos que la
acompañan, ni las dudas que la rodean a pesar de ser una prueba capaz de determinar el curso de millones de vidas.

No. No conozco a Elisa. Y, la verdad, no creí que se tratara de tamaña cretina.

El doctor Robert Da Prato, especialista en pruebas de VIH, no recomienda a nadie que se haga la prueba porque él mismo no entiende qué significa y no cree que alguien más lo sepa. «Nunca he visto ninguna evidencia que demuestre que esta prueba muestre lo que dice que va a mostrar: la presencia del virus, la presencia de un virus exógeno14. Realmente me gustaría ver en un microscopio esta evidencia pero aparentemente no existe. No existe porque no se ha
realizado un riguroso protocolo de aislamiento»15, a pesar de que el aislamiento es la única prueba directa e inconfundible de la existencia de un virus, y el aislamiento de un virus, a partir del plasma sin cultivar de un paciente, es la única prueba de que una persona tiene una infección viral activa.

Desde que el doctor Robert Gallo anunció el VIH como la causa probable del sida, en 1984, junto con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, el virus nunca ha sido aislado16.

Tres de la mañana del sexto día de esos diez que me dio la prueba de rutina y un despeñadero de contradicciones se abrió bajo mis pies. Mi afán de entender se llenaba de desconcierto, mi alivio de odio, mis esperanzas de desasosiego mientras leía una y otra vez lo que varios documentos me decían sin conseguir descreerlos: el virus más famoso del mundo no ha sido aislado. No hay prueba alguna que demuestre que el VIH exista.

Miles de cientos de personas han entregado su vida a una rutina de padecimientos por fe en Elisa, la cual los ha timado en la forma más cruel, bajo la mirada cómplice de la Food and Drug Administration, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos; los laboratorios que se lucran esparciendo por el mundo sus pruebas y sus medicinas, y los gobiernos y sistemas médicos que difunden
campañas para obedecer ciegamente paradigmas, pero no para cuestionarlos y llegar al fondo de sus teorías.

¿Verdad? ¿Mentira?

Si creo que el VIH sí existe y es la causa del sida, daré un paso al frente para ingresar en las estadísticas de los enfermos tratados con medicamentos para luchar contra el VIH/sida. Entregaré mi vida, sin más, a lo que ordene la medicina.
Si creo que el VIH no existe, que no tengo nada a pesar de mi prueba positiva, sentirán lástima de pensar que me niego a aceptar que se me acaba la vida, me tacharán de loca y me compadecerán por contradecir paradigmas, pero seré dueña absoluta de cada uno de mis días.

Deliraba. ¿Cómo contradecir lo que más de diez mil millones de dólares invertidos17 durante casi treinta años y un resultado positivo me decían? ¿Cómo encontrar la valentía de Copérnico y Galileo cuando se atrevieron a sostener que el Sol era el centro del universo y no la Tierra , como todos creían, corriendo el riesgo de ser quemados vivos en la hoguera?

Incluso en pacientes que sufren casi todas las enfermedades severas del sida, el VIH nunca se detecta en cantidades que pudieran causar la reducción drástica de las células inmunes18. Con la hepatitis o un resfriado común, por ejemplo, el virus que produce el resfriado se encuentra fácilmente en cantidades de millones o miles de millones por mililitro de sangre. El VIH, el virus que supuestamente produce el sida, se encuentra en cantidades de diez por cada mililitro de sangre19, lo que lo convierte en el virus más inofensivo e indetectable, en palabras de Peter Duesberg, el primer científico que logró aislar la estructura genética de un retrovirus (y el VIH es un retrovirus).

En un intento por acabar con los cuestionamientos sobre la imposibilidad de aislar el virus, es decir, encontrarlo en cantidades consideradas en una muestra de sangre, en 1995 comenzó a emplearse sobre muestras de sida una tecnología conocida como Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR), descrita por Duesberg como tecnología diseñada «para encontrar una aguja en un pajar».

El doctor David Rasnick20, investigador y revaluador del sida, la explica así: «Si usted toma una muestra de un paciente no puede encontrar el VIH allí, pues todo lo que tiene son células blancas. Pero cuando usted cultiva estas células junto a otras que Robert Gallo generó hace algunos años, y las expone a ciertos químicos, puede forzarlas a hacer cualquier cosa. La idea es estimular las células del paciente para que empiecen a producir ácido ribonucleico (ARN) y este ARN
nuevo capte las proteínas y partículas del virus, de modo que éstas infecten a las células que usted estimuló. Esta ampliación se realizará mediante cocultivo durante el tiempo que usted estime. Pero esa nueva cantidad de partículas del virus no existen en el paciente, no estaban en su muestra. Usted las recreó en el laboratorio, lo que llamamos in vitro»21.

El ganador del premio Nobel de química por inventar la PCR y detractor de la teoría VIH/sida, Kary B. Mullis, ha desvirtuado completamente la utilidad de usar su invención en las investigaciones sobre sida, declarando que « la PCR hace posible identificar una aguja en un pajar, transformando esa aguja en un pajar»22. De hecho, el 99% de lo que contabiliza la PCR no es infeccioso23. Mullis revisó además todos los documentos de la investigación de Gallo y no encontró «nada, ningún hecho científico que demuestre que el VIH es la causa del sida. Ni siquiera la causa probable del sida, que era lo mínimo que esperaba; una causa probable para el sida, remotamente probable. Pero no es así. Es una causa posible, pero no probable. Y desde
esa perspectiva no estamos siquiera cerca de lo que podríamos llamar un hecho»24.

«La idea básica de que el sida es infeccioso, de hecho, nunca se ha puesto a prueba, nunca se ha cuestionado, nunca se ha probado. Es algo que han asumido popularmente los doctores y científicos que estudian microbios y virus (…) la mayoría de los doctores son felices acusando a microbios de causar nuevas enfermedades cuando no saben por dónde
buscar», recalca Duesberg25.

El codescubridor del VIH, doctor Luc Montagnier, quien afirmó en 1990 que el VIH no era capaz por sí solo de provocar sida; el Grupo por la Revaluación Científica de la Hipótesis VIH /sida, fundado en 1991 por cuarenta científicos de todo el mundo, entre los que se cuentan ganadores al premio Nobel y nominados de éste26; el presidente surafricano Thabo Mbeki, que en abril del 2000 invitó a Peter Duesberg a Sudáfrica y pidió que el Ministerio de Salud de su país subraye la
toxicidad de los antirretrovirales; la organización norteamericana Rethinking Aids27; el disidente colombiano, doctor Roberto Giraldo28, y la Corporación Autonomía en Salud, que se encarga de organizar y difundir las conferencias que dicta en Medellín29, y la fundación Alive and Well Aids Alternatives30, cuya fundadora, Christine Maggiore, seropositiva desde 1992, se ha negado a consumir antirretrovirales y tuvo una hija sana después del diagnóstico31, me invitan a
cuestionar todo lo que había escuchado sobre VIH y sida. Me invitan a decidir por mí misma si sigo o no las indicaciones de la medicina ortodoxa, a escuchar cuanta información disidente se me cruce en el camino cada vez que quiera cuestionarme sobre los derechos y deberes de esta nueva vida, la de los que no creen que el VIH exista, pese a recibir una prueba positiva.

Diez días después de aceptar que durante años creí sin fundamento en el VIH y el sida, una mezcla de miedo e ira se retuerce en mi pecho mientras espero que la enfermera me llame para entregarme el resultado de mi segunda prueba. ¿Tendré la fuerza para no dejarme apabullar del matasanos si la segunda prueba es positiva?

He visto la marea del otro lado de la cima y no puedo regresar. Dudo hasta la médula de que el VIH exista y por supuesto dudo de que sea la causa del sida. No podría tragar ni una sola pastilla sin la sospecha de estar ayudando a que un sistema corrupto me destruya la vida. Aun si creyera que eso que llaman VIH realmente es un virus, aun si mi segundo examen resultara positivo y me dieran diez años antes de que el sida empezara a desfigurar mis días, ¿por qué pasar esos diez años padeciendo los insoportables efectos secundarios de una combinación de medicinas que lo único que hacen es convertir una espera en agonía? ¿Qué clase de vida es esa que prolongaría? Ciertamente, no es la mía. Es un remedo macabro que las aberraciones del mercado médico se han atrevido a llamar vida.

De repente, no entiendo de dónde surge este afán por permanecer en el mundo, aun a costa de mi propia vida. Tras la puerta entreabierta del consultorio, el médico pronuncia mi nombre en voz alta. Me levanto de la silla, arrastrando el peso de una conciencia desmedida, y camino con dificultad. Sudo. Aprieto los puños y tensiono las rodillas. Avanzo con la mirada clavada en el suelo, sabiendo que ha llegado el momento de pelear en la arena.

Entro al consultorio y me planto desafiante ante el doctor. El hombre me sostiene la mirada y yo no se la retiro. Suspiro.

El papel dice negativo. La pelea ya no tendrá la urgencia de salvar mi vida.

Notas: 1. Informe sobre la epidemia mundial de sida 2004. Onusida. http://www.onu.org.ni/noticia?idnoticia=60.
2. Para causar daño, un virus necesita infectar por lo menos un tercio de todas las células que ataca —las que en el caso del sida son las células T del sistema inmunitario—, y matar esas células más rápido de lo que se pueden remplazar.
3. What if Everything you Thought You Knew About Aids Was Wrong?, Christine Maggiore, 2004, p. 17.
4. El 1o de enero de 1993, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) amplió la definición del sida, para incluir a las personas con un conteo de células T de doscientos o menos, aunque no tuvieran síntomas o enfermedad alguna. Esta nueva definición fue la causa de que el número de casos de sida en Estados Unidos se duplicara.
5. Llamado clínicamente zidovudine, pero denominado AZT por sus componentes, se creó inicialmente para la quimioterapia del cáncer, pero fue arrinconado y olvidado por ser excesivamente tóxico, de fabricación muy costosa e ineficaz contra el cáncer. Poderoso pero indiscriminado, el fármaco no era selectivo en su destrucción de las células.
«El nacimiento escandaloso del AZT», en Medicina Holística, No 41, Asociación de Medicinas Complementarias (AMC).
Celia Farber, periodista de investigación. http://free-news.org/farber02.htm
6. «The Morning After», POZ Magazine, febrero de 1997, en Christine Maggiore, op. cit., 2004, p. 63.
7. Ibid., p. 65.
8. Christine Maggiore, op. cit., p.31.
9. Ibid., p. 26.
10. Ibid., p. 25.
11. David Rasnick, Ph.D. Investigador del sida, diseñador químico de los inhibidores de la proteasa. Entrevista en el
documental The Other Side of Aids, dirigido por Robin Scovil, 2004, www.theothersideofaids.com.
12. http://www.fda.gov/cber/PMAltr/P9500053L.htm.
13. www.theothersideofaids.com.
14. Exógeno quiere decir causado por algo por fuera del cuerpo.
15. Robert Da Prato, MD. Especialista en pruebas de VIH para la Armada de Estados Unidos. Entrevista en el documental The Other Side of Aids.
16. El 23 de abril de 1984, Robert Gallo, junto con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, citó a una conferencia internacional de prensa en la que comunicó haber descubierto el retrovirus que causaba el sida. A los pocos días estalló el escándalo sobre las denuncias del Dr. Luc Montagnier, del Instituto Pasteur de Francia, acusando a Gallo de haber robado su muestra. El episodio terminó con un arreglo entre las partes, quienes compartieron
el crédito como codescubridores del VIH y los derechos de propiedad sobre la prueba.
17. Entre 1996, año en el que se fundó Onusida, y 2005, los fondos anuales destinados a la respuesta al sida en los países de ingresos bajos y medianos han pasado de US$300 millones a US$8.300 millones. Los fondos disponibles sumarán US$8.900 millones en 2006 y US$10.000 millones en 2007. «Financiar el sida», informe sobre la epidemia mundial del sida, 2006. www.onusida.org.co/.
18. R. Gallo, 1984; Science, 2241; M. Piatak, 1993; Science, 259; D. Ho, 1991, New England Journal of Medicine, 325:961; C. Shaw, 1991; New England Journal of Medicine, 324:954; Cooper, 1992; Lancet, 341:1099, en Christine Maggiore, op. cit., p. 66.
19. P. Duesberg, Inventing the Aids Virus, 1996, Tegnery Press, Washington DC Pl 74-180, en Christine Maggiore, op. cit., p. 66.
20. El Dr. David Rasnick es un antiguo presidente del Grupo para la Revaluación Científica de la Hipótesis VIH /sida. Doctorado en química por el Georgia Tech en 1978, tiene más de veinte años de experiencia con las proteasas y sus inhibidores. Por su condición de disidente, Rasnick recibió una propuesta del profesor universitario Phillip Machanick,
partidario de la hipótesis oficial, de inyectarse VIH. Rasnick aceptó el desafío, pero pidió a Machanick que él, a cambio, aceptase empezar a ingerir antirretrovirales. El que viviese más tiempo sería declarado vencedor. Machanick no aceptó el desafío en estas condiciones.
21. David Rasnick, Ph.D. Investigador del sida, diseñador químico de los inhibidores de la proteasa. Entrevista en The Other Side of Aids.
22. Kary Mullis en Heal. Los Ángeles, 25 de octubre de 1995.
23. Christine Maggiore, op. cit., p. 49.
24. Kary B. Mullis, Ph.D. Inventor de la PCR , premio Nobel de química 1993. Entrevista en The Other Side of Aids.
25. Entrevista en The Other Side of Aids.
26. Peter Duesberg, profesor de biología molecular y celular, con un largo currículo y premios. Nominado al Nobel de medicina por sus estudios sobre retrovirus; Kary Mullis, premio Nobel de química, 1993; Harvey Bialy, biólogo molecular en activo, director de la Virtual Library of Biotechnology for the Americas; Eleni Papadopulos-Eleopulos, física médica, profesora en el Royal Perth Hospital, Australia; Serge Lang, matemático franco-norteamericano; Stefan Lanka, virólogo alemán.
27. Rethinking Aids, fundada en 1991. Mantiene una lista de más de 2.100 personas que han firmado la petición de la organización para revaluar la validez de la hipótesis ortodoxa de que el VIH es la causa del sida. En esta lista hay médicos, farmacéuticos, virólogos, bioquímicos, estadísticos, matemáticos, periodistas, psicólogos y antropólogos, entre otras profesiones.
28. Roberto Giraldo, médico cirujano egresado de la Universidad de Antioquia. Magíster en medicina clínica tropical de la Universidad de Londres. Se ha dedicado por más de treinta años a la investigación científica y académica, en enfermedades infecciosas tanto en Colombia como en Estados Unidos. Actualmente trabaja en el Departamento de Inmunología del Cornell Medical Center de Nueva York. Es autor del libro Sida y agentes estresantes.
29. La Corporación Autonomía en Salud, creada en el año 2004 por quince profesionales de la salud en Medellín, se dedica desde entonces a guiar y apoyar a pacientes seropositivos interesados en las posturas disidentes, y cuenta desde hace varios años con el apoyo del doctor Roberto Giraldo. Carrera 64A No 35-13. Tel. 351 2149.
30. www.aliveandwell.org/.
31. Eliza Jane, hija de Maggiore, murió en el 2005 a causa de lo que se señaló como neumonía relacionada con sida. Tras la autopsia se determinó que la niña no era VIH positiva, ni presentaba sintomatología del síndrome. Un toxicólogo comisionado por Maggiore para revisar las razones de la muerte estableció que se debía a envenenamiento antibiótico.
Revista Numero
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miércoles, 9 de septiembre de 2009

HIV POSITIVO / Jaime Fiol 1995 - Argentina


HIV positivo

(cuento – Jaime Fiol – 1995)

Glosario imprescindible para la lectura:

“EL ALEPH” cuento antológico del escritor argentino Jorge Luis Borges. Se recomienda su lectura.

“GUN” (gingivitis úlcero necrotizante de Vincent): afección común e histórica causada por una bacteria (borrelia vincentii), que afecta las encías de los adolescentes por mala alimentación, exceso de actividades y poco dormir. Se cura con buches de bicromato de potasio en dos dias y cambios de conducta. Hoy, hay que reportar estos casos como SIDA y se lo trata con antibióticos (¿?)

***

No sé si Borges vió el Aleph en el sótano de la casa de la calle Garay porque no sé si Carlos Argentino Daneri es un personaje de ficción o el primo de Beatriz Viterbo que tampoco me queda claro si fue una invención literaria.

Borges se permitía jugar entre la realidad y la ficción porque sabía que al fin confluirían junto a él y a sus personajes, a ustedes y a mí en aquel punto donde se concentran todos los puntos del universo: El Aleph.

Núcleo singular donde me encontraba, cuándo y mientras Irene me habló de su enfermedad, tendiéndome el puente que me sacó de entre las páginas de la antología borgeana. Puente que transité escuchando la lapidaria sentencia de Irene: “soy portadora del virus del SIDA”. Y tras ella el minucioso relato de algunos síntomas como el fuerte dolor en sus encías sangrantes, pérdida de peso, fatiga y sobre todo un inocultable miedo a la muerte. Transité el puente que me llevó desde el laberinto borgeano al “síndrome de inmunodeficiencia adquirido”

Me encontré frente a los ojos vidriosos de Irene, tomé su historia clínica y, reclinándome en el sillón, le dije:

-Bueno Irene, vamos por partes. ¿Cuál es el motivo de tu consulta, el problema en tus encías? –intentando dejar el tema pesado fuera de foco.

- Sí claro, pero…

- Irene. Lo que tenés en la boca es una gingivitis úlcero necrotizante. Unos buches de bicromato de potasio y en dos o tres días estarás curada. El decaimiento, la fiebre y la pérdida de peso se deben a lo mismo. Eso sí, debés descansar más y alimentarte mejor.

Me miró como si hubiera consultado con un adivino. Bajó la vista y un tenue rubor cubrió sus mejillas. “Sí, casi no duermo y me alimento mal”, confesó.

No tuve que decirle que había ingresado sin advertirlo a un mundo donde la ficción y la realidad parecen jugar a una especie de multicausalidad circular y entonces dudé sobre quién había cruzado aquel puente y si en lugar de estar en el consultorio, no me encontraba aún en el sótano de la casa de la calle Garay con Irene, con Beatriz Viterbo, con Borges, formando parte de todos los puntos del universo.

Mi primer mensaje fue concreto: “Esto de las encías es un alerta, si sigues con este ritmo de vida te vas a morir”

- Porque tengo SIDA - reiteró

Había corregido el punto focal y ahí estaba su Aleph, su punto donde se concentraban todos los puntos de su universo, su “HIV positivo”. Entonces le pedí que me contara todo.

-Hace unos años estuve noviando con un chico que después supe murió de SIDA, me asusté y fui a un centro de detección donde me enteré que me había contagiado el virus. Desde entonces estoy en tratamiento.

-¿Te sigues drogando?

-¿qué tiene que ver con lo que le estoy contando? –replicó indignada

La respuesta a mi pregunta era casi obvia como también era obvia la reacción de Irene. Me contó, ya más tranquila, que sí, que se drogaba pero ahora casi no. Me contó que aquel muchacho se daba de lo lindo y que con él comenzó con marihuana, coca y después los jeringazos.

Mi segundo mensaje fue también contundente: “Vivir o morir depende exclusivamente de vos”

Los ojos de Irene se me clavaron reclamando urgentes explicaciones. “las drogas son en sí mismas inmunosupresoras pero además están contaminadas ¿o no las preparaban en el suelo o arriba de una mesa antes de inyectárselas? ¿Crees que así se procesan los medicamentos que te venden en las farmacias para inyectar?

-Nos decían que no intercambiáramos jeringas y no lo hacíamos y usábamos preservativos.

-Debieran haberles dicho además, que no se droguen. Se estuvieron inyectando virus, gérmenes, parásitos, disolventes impuros y no quiero imaginarme qué tipos de drogas. Y todo lo que rodea a la drogadicción. Marginación, promiscuidad, desnutrición, agotamiento, estrés. Yo te diría, Irene, que no necesitás de ningún dudoso retrovirus para morirte de SIDA. ¿Qué es la inmunodeficiencia? Es desnudarte de defensas y entonces te pescás todas las enfermedades pero más fuerte

-¿Y?

- Si ordenás tu vida, si dormís ocho horas por día, si te alimentás bien, si dejás de drogarte, si vivís con amor hacia vos y hacia los demás entonces te abrigarás con defensas y serás inmune a todas las enfermedades.

Irene se apoyó sobre el escritorio, me miró fijo y casi gritando me dijo que hacía dos años que no se drogaba, que hace dos años que está en tratamiento con el cóctel y que también hace dos años que cada día se siente peor. “me estoy muriendo de SIDA doctor, ¿no puede comprender eso?”

Comprendí sí, que yo estaba equivocando el discurso. Terminé de anotar algunas precisiones de su relato y le dije que tal vez se sentía mal por los efectos secundarios de la medicación pero que si era verdad lo que me acababa de confesar nunca se moriría de SIDA. Irene pareció calmarse y reiteró que en verdad hacía dos años que no se drogaba.

No pude decirle que dejara de tomar AZT porque ese debate nos lo debemos los profesionales de la salud desde hace mucho tiempo, porque el tema SIDA empezó mal y sigue peor. Es un sindrome que no sólo tiene signos y síntomas médicos sino también jurídicos, sociales, religiosos, económicos, filosóficos. Es un sindrome que generó más leyes que enfermos. Pero este es otro tema. También es otro tema la penalización del consumo personal de estupefacientes que aleja peligrosamente al adicto del médico.

Irene fue precisa cuando me recordó que las estadísticas muestran lo contrario de lo que yo le estaba diciendo.

Las estadísticas, le dije, son hechas por humanos e interpretadas también por humanos. No son infalibles. Recordá que cuando aparecieron los primeros casos por los años ochenta le daban dos años de vida a los infectados, ahora, como no se murieron tal lo esperado dicen que veinte años, después dirán treinta, cuarenta. Morirse costará toda una vida.

-Mi ex novio se murió –increpó

-tu ex novio se drogaba, por eso se murió

-¡Y me contagió el virus!

-Digamos que puede ser. Lo que no quiere decir que vayas a morirte, porque vos dejaste la droga y el virus sólo no provoca SIDA.

Irene abrió los ojos hasta casi desorbitarlos. Y yo no pude decirle que es probable que ni siquiera exista como virus y sí como una enzima más o como una proteina más. No pude decirle que en mi experiencia personal desde 1983 a 1992, los enfermos que atendí en el ámbito del Servicio Penitenciario Federal eran todos drogadictos por vía endovenosa. No pude decirle que el contagio es imposible y esto lo probaba el hecho de que en un ámbito tan propicio a la homosexualidad y a la promiscuidad como es el carcelario no había sino drogadictos infectados o enfermos. No pude decirle que quien estaba frente a ella sostenía esta tesis desde 1984, ni que desde 1990 en los Congresos Internacionales de la Especialidad se comenzaron a documentar casos de enfermos de SIDA sin virus. Que los científicos se desesperan por encontrar el VIH III que salvaría la endeble hipótesis del SIDA como enfermedad infecto-contagiosa. Tampoco pude decirle que Peter Duesberg, eminente retrovirólogo miembro de la Academia de Ciencias de los EEUU y Kary Mullis, Premio Nobel de química 1993 por inventar la reacción en cadena de la polimerasa coinciden en negar el origen viral del SIDA. No pude hablarle de la teoría tóxico-nutricional de Roberto Giraldo. Tampoco que según el informe Concord, un emprendimiento anglo-francés con más de mil pacientes tratados, el AZT no sólo no sirve para nada sino que es altamente tóxico y provocaría al final SIDA “per se”.

-¿me está diciendo que el virus no provoca el SIDA? ¿O entendí mal? – Irene estaba desconcertada.

-entendiste bien.

Hubiera querido decirle que hasta el diagnóstico tal vez fuera incorrecto. Que si tenía toxoplasmosis o simplemente infectada por el parásito, por nombrar una de las tantas causas, le daría igual positivo. Pero no me hubiera creido. ¡Cómo aceptar un discurso que se enfrenta con la historia oficial! Entonces retomé el nivel pragmático del mensaje. Insistí en que se informara sobre el tratamiento con AZT, que indagara si era conveniente o no. Que comprometiera en la opinión a los infectólogos. Le dije por enésima vez que ella era libre de elegir su tratamiento. Libre de elegir entre vivir o morir. Que el SIDA se cura y que el diagnóstico de “VIH positivo o negativo” es absolutamente incierto. Que si no se drogaba más, si se alimentaba bien y descansaba ocho horas diarias no se iba a morir de SIDA.

¿Qué le llegó de todo lo que charlamos? Sólo ella lo sabe. Le di la receta para la gingivitis y nos despedimos. Irene es libre de elegir, pero esa libertad está acotada por condicionamientos. Sólo aceptamos cambios cuando estos no son muy violentos y si Irene va camino al precipicio, ese será al fin su destino. No hay forma de impedirlo pues Irene tiene también libertad para morirse. Al fin, todos nos encontraremos en el Aleph. Tal vez no en el que poseía Carlos Argentino Daneri en el sótano de su casa de la calle Garay. Tal vez en el que Borges sitúa, en la posdata de 1943, allá en El Cairo, en el interior de una de las columnas de piedra de la Mezquita de Amr.

Irene es parte del Aleph, tiene la posibilidad de curarse, pero como le advirtió Daneri a Borges: “ahí está, El Microcosmos de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, ¡el multum in parvo!”. Claro que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio”.

Jaime Fiol – Publicado el 20 de mayo de 1996 en el periódico “El Consultor”, MORENO – Provicia de Buenos Aires – REPÚBLICA ARGENTINA

EL PERSONAJE / Cuento Jaime Fiol 1994


El Personaje
Cuento – Jaime Fiol/1994


I

Las fuerzas vivas del pueblo nos encontrábamos reunidos en el auditorio del Palacio Legislativo. Nos habían citado a través del comunicado número cero de la revolución. En cada uno de nosotros convivían contradictorias impresiones sobre lo sucedido en la víspera.

Nos mirábamos perplejos sin atinar a arriesgar ninguna hipótesis. Todo fue ràpido. Estábamos terminando la jornada laboral cuando comenzó la revuelta. Los tiros cesaron al despuntar el alba. Refugiados en nuestras casas, temerosos, apenas si nos atrevimos a espiar por las ventanas la lucha que libraban nuestros soldados y policías contra estos desconocidos que ahora nos convocaban.

- La corrupción era muy grande como para que nos extrañe lo sucedido – me dijo, como confesándose, el párroco.

- Por qué no comenzar preguntándonos qué pasó. ¿Quiénes son los agresores? - le pregunté

- ¡Será un - ¡Es un golpe militar! ¡Qué tiene de raro!

- Tiene de raro que no llevaban uniforme y sólo quedó un tendal de muertos nuestros alcanzados, en la confusión, por nuestros proyectiles. Tiene de raro que todas las comunicaciones quedaron interrumpidas. No hay radio, televisión, teléfono. Convengamos estimado amigo que hay algunas cositas raras, ¿no le parece?

- Quizás Dios nos ilumine –concluyó el cura cerrando el diálogo y elevando una plegaria al cielo de mampostería.



A mi izquierda se encontraba el Director del Hospital esforzándose por escuchar la conversación. Cuando el padre la dio por finalizada me dijo también en voz baja:

- Si Dios estuviera aquí no se salvaría nadie.

- Espero que no esté –agregué, y aproveché para preguntarle si sabía algo sobre lo sucedido.

-En realidad yo esperaba hace tiempo que esto sucediera. La corrupción en la política era insostenible. El país no va a marchar hacia delante con semejantes dirigentes.

- ¿Pero quiénes son ellos?

- ¿Qué sé yo? Será un golpe militar.

Miré hacia adelante observando el conjunto mientras reflexionaba. El médico y el cura no parecían sentirse los derrotados de la revolución. Más bien se consideraban parte de ella. Y para peor no parecía interesarles mucho la identidad y la intención de los desconocidos. Desde mi posición veía al mismo Intendente, a militares, a jueces, políticos, profesionales, empresarios, gremialistas. Todos. Todos estábamos allí.

- ¡Un momento! -grité- ¿Quiénes son los derrotados?

Todos me miraron con asombro. Sembré la duda que prendió rápidamente.

- Caímos en una trampa –gritó el general-. ¡Cómo pudimos creer un comunicado subversivo y apócrifo! Estamos a merced de ellos en este recinto. Vámonos.

- Yo no me voy –dijo el párroco-. Al menos estoy seguro que no voy a ir tras de usted ni de los políticos. Esperemos a que se manifieste la intención de esta gente. Tengamos fe en que Dios no nos hará caer en una emboscada.

Sus palabras calmaron a la concurrencia. La duda inhabilita para la acción y el cura la había sembrado. Si bien la hipótesis del General era lógica, todos sabíamos que si nos íbamos sería para refugiarnos cada uno en nuestras covachas. Otra cosa no podíamos hacer.

Cuando todos nos acomodábamos nuevamente en los asientos se abrió la puerta del recinto e ingresó El Personaje. Solo. Desarmado. Comenzó a leer el listado en el que figuraba cada uno de nosotros ordenado por estricto orden alfabético y el cargo que desempeñábamos. Acto seguido nos pidió que miráramos el número del asiento en que estábamos, sacó un bolillero y extrajo un número. El 134 correspondía a un médico del Hospital Municipal.

- Dr. R.D. médico. Jefe del Servicio de Oncología. Pongase de pie.

El médico obedeció la orden. Se escuchó un murmullo general. El miedo comenzó a invadirnos. La cara de incertidumbre del elegido no difería mucho de la del resto de la concurrencia. Mi corazón latía a un ritmo infernal.

- Por favor doctor, acérquese al estrado.

Reponiéndose de su estupor, con la cabeza erguida, el médico pasó al frente.

- Siéntese por favor. Debo comunicarle que puede usted estar enfermo de cáncer, por lo que debe someterse a las prácticas habituales de diagnóstico.

- ¡Yo enfermo! – rio el médico - ¡Porque usted lo diga! ¿Qué es lo que está buscando? Nos toma por tontos.

- Que venga rápidamente su personal. ¿Qué necesita para el diagnóstico? ¿Radiólogos, cirujanos, patólogos, enfermeros? Llámelos. Algunos están acá, otros afuera. Llámelos y vendrán.

- Llamelos usted, no voy a prestarme a este juego.

- No es un juego. Llámelos. ¡Es una orden!

Se acallaron los murmullos. En el recinto se impuso un silencio mortal.



II



En pocos segundos el recinto se transformó en un sofisticado quirófano en cuya camilla yacía aterrorizado el oncólogo. Médicos, radiólogos, enfermeros comenzaron su labor.

El extraño Personaje que nos dirigía hizo una seña a uno de los radiólogos que corrió a su lado con un informe.

- El enfermo presenta una imagen en el pulmón derecho que podría ser un cáncer –recitó el radiólogo.

- Es una vieja lesión. Una secuela de una enfermedad ya curada –gritó el médico.

- No estamos seguros – agregó el radiólogo siempre dirigiéndose al Personaje – Debiéramos hacerle una tomografía computada y una punción exploratoria.

- No, no, me niego. ¿Tengo que interpretar que esto es un castigo?

- Yo diría que es una práctica de rutina. El personal que le va a realizar los estudios es el que usted dirige. No entiendo el porqué de su preocupación. Comiencen.

Nos hundimos cada vez más en nuestros asientos. Todos comprendimos que se nos estaba castigando de un modo inusual. Cada uno de nosotros decodificaba cada signo y lo adaptaba a su actividad específica.

Desde la calle se escuchaba el griterío de la multitud. Traté de imaginar el porqué lo hacían. Quiénes eran. Me pregunté dónde estaban los guerrilleros o lo que fueran. Obedecíamos ciegamente a un Personaje solitario y desarmado que nos estaba destruyendo. Vi al comisario pálido y sollozando. Miré a mi vecino médico aterrado tal como si le estuvieran haciendo a él los estudios. El cura parecía gozar de la situación, erguido en su asiento, oteaba el cuadro.

Un enfermero se acercó al Personaje y le dijo que el personal se negaba a intervenir sin un estudio previo de infección al VIH.

- ¿Qué prueba quieren hacer?

- ELISA –dijo el enfermero

- Pídala. Pidan los reactivos

Rápidamente apareció un laboratorio ambulante y en apenas unos segundos se escuchó el informe de ELISA positivo.

- ¡Oh…! Exclamó el auditorio

- No, no, lo que me faltaba. ELISA positivo puede dar en un montón de afecciones. Tengo una gingivitis herpética, por eso dio positivo.

- Yo creí que era prueba suficiente ¿no lo consideran ustedes así?

- No – dijo el enfermero – hay que hacer un Western Blot.

- Hágalo

Pasados unos segundos el W.B. positivo hizo que el personaje dijera al auditorio que el paciente tenía SIDA y que esto explicaba el cáncer en el pulmón. Seguidamente indicó que se le comenzara a aplicar AZT, quimioterápia y radioterapia.

- Esto no lo puedo tolerar –gritó el Director del Hospital – paremos con esta farsa. ¡Yo conozco al doctor y no tiene cáncer ni SIDA!

- Perdón –interrumpió el Personaje- ¿cómo puede usted decir eso si sus laboratoristas acaban de confirmar ELISA y Western Blot positivo? ¿No son las pruebas suficientes para establecer un diagnóstico de certeza?

- No, no es tan así –contestó el Director- hay algunas otra enfermedades o infecciones que pueden dar positivo. Además se necesita contrastarlo con otros informes de otros laboratorios.

- ¿Actúan ustedes así en todos los casos? – preguntó sorprendido el Personaje.

- No, no siempre. Es que es muy costoso y muchas veces los centros de salud carecen de recursos. Además debo decirle que el doctor no pertenece a ningún grupo de riesgo y ….

- ¿Cómo lo sabe? –gritó el Personaje- Puede drogarse, ser homosexual, haber tenido relaciones con infectados, puede haberse contagiado en el hospital.

- No es tan así. Usted no es médico si no sabría que hay criterios para … -su discurso fue interrumpido bruscamente por el Personaje.

- ¿Criterios? ¿Acaso no determinan con estos dos estudios que un paciente es portador del VIH? ¿Me están tomando el pelo? ¿O es que medimos con diferente vara al prójimo?

El auditorio se movió inquieto. El comisario vomitó, Los demás lo imitaron. El cura exhaló una tosecita burlona.

- Qué es lo que usted propone – dijo el intendente poniéndose de pie.

- Pues curar a este pobre hombre. Tiene SIDA y cáncer

- Dejémonos de rodeos. Ustedes tomaron la ciudad ¿Quiénes son? ¿Quién los manda? ¿Qué se proponen?

- No son preguntas que pueda contestar. ¿Por qué no nos atenemos a lo que estamos haciendo? Cuando se come se come, cuando se duerme se duerme, cuando se está curando a alguien pues curémoslo.

El General intentó avanzar sobre el Personaje pero en el intento cayó al suelo.

-La sociedad está pervertida. Los dirigentes se apartaron del camino de la rectitud, del camino de Dios – dijo el cura, solemne.

- Cállate, nadie te dio cabida en esto - le gritó El Personaje

El cura se desplomó en su asiento y quedó inmóvil.

- Sigamos. AZT. Apliquen

- No. No. –gritó el médico

El murmullo del pueblo, forzando la puerta de entrada al recinto, fue captado por todos nosotros. El Personaje retrocedió y abrió la puerta. Miramos, sin poder reaccionar, cómo el pueblo penetraba y nos iba degradando. El Personaje desapareció. Me sacaron el guardapolvo, mi credencial de médico. Al cura su sotana, Al General su uniforme.

Alguién escribió en el tablero electrónico que presidía el gran salón: DIA UNO DEL AÑO CERO.



Jaime Fiol – 1994 – Sr. Neón, número 7, Publicada por L.J. Silver , Cap. Fed. R. Argentina